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El día del padre es San Valentín

Paula y SandraHoy es el día del Padre, San José, 19 de marzo y fiesta en muchas CCAA en España, entre ellas Madrid, por fin un festivo en Madrid tras invierno más duro que recuerdo, en muchos sentidos.

En mi caso es el día del padre de dos niñas de 4 y casi 2 años de las que estoy enamorado. Podría ser San Valentín en vez de San José. Aunque ha amanecido un día regular, ya este año no nos extraña, estoy encantado de la vida.

Paula no me pudo hacer regalo por la operación, se lo dejó en el cole muy a su pesar y al mío, aunque esta mañana me ha sorprendido con 2 sobres, de los que le gustan hacer a ella con su nombre y unos dibujos que parecen castillos, o niños, o vete a saber qué, lo que se le haya pasado por la cabeza en ese momento.

Sandra sí traía su regalito de la guardería, una especie de marquito con su foto hecho con pinzas y pintado de colores chillones, un regalo muy gracioso, de esos que si no lo rompe ella antes lo tendremos de recuerdo de por vida.

Es curioso cuando te hacen regalos tus hijos, les hace tanta ilusión hacerte el regalo que no pueden aguantar los días antes sin decirte que están preparando una sorpresa para acto seguido contarte pistas que te revelan con total seguridad lo que te van a dar unos días más tarde. A mi se me cae la baba, de hecho, cuando me di cuenta que Paula no podría darme el regalo del día de padre me invadió la tristeza, lo digo en serio, me dio muchísima pena.

También es gracioso ver cómo cuando te dan el regalo te observan muy curiosamente, miran cómo lo abres, qué cara pones y sonríen con vergüenza cuando les das las gracias para, acto seguido, quitártelo de las manos y quedárselo ellas, le han dedicado tanto tiempo y cariño, se sienten tan orgullosos del presente que deciden quedárselo como regalo propio. Luego se lo quitaremos y lo pondremos en alto para que no lo rompan, ya sabéis que la memoria de los niños y el interés por algo concreto es efímero.

Hasta hace unas semanas, quizás un par de meses las niñas no jugaban entre ellas, pero uno de los regalos más espectaculares que me han hecho esta mañana es esta hora de tranquilidad, se han ido al cuarto y se han puesto a jugar las dos con sus juguetes, se las escucha haciendo comiditas en la cocina de juguete, vistiendo y torturando a los “nenes” y las “nenas”, pintando con los rotus, están graciosísimas y me emociona verlas jugando ellas solas.

La verdad es que Paula, la de 4, manda y Sandra, la de casi 2, obedece con pasión, idolatra a la hermana, la imita en todo lo que hace, cómo se viste, cómo se peina, cómo mueve su pelo, cómo canta, es como su modelo a seguir, aunque desde los primeros días son completamente diferentes. Una de las cosas que más me emociona es oír a Sandra reírse de las travesuras que le hace su hermana mayor, es una risa tan real, tan auténtica, tan inocente…

Lo de que jueguen las dos solas y te dejen unas horas (exagerando) de tranquilidad puede sonar muy egoísta y lo es, pero por otro lado te das cuenta, con mucho orgullo, que las dos salen adelante, que crecen, que se hacen personitas y que se quieren. Y además me dejan escribir unas líneas en este blog tan olvidado, repasar fotos, leer otros blogs y disfrutar de un día del padre lluvioso.

Lo dicho hoy para mi es San Valentín.

Habemus Sandra

Desde el martes sabíamos que el jueves tocaba cesárea, incluso la hora. Como he comentado estos días no es nada romántico, se pierde la emoción de que te llamen en cualquier momento (la última vez estaba viendo King Kong en el cine), o que te despierten en mitad de la noche para ir corriendo al hospital. Además, como sabes que al día siguiente será el gran día estás más nervioso, sabes que llega el momento.

Al final el resultado es el mismo, con Paula también terminó en una cesárea, pero no programada. Lo cambiante: esta vez me han dejado asistir, de hecho ni me han preguntado, trajeron la bata y los pantalones verdes típicos y para abajo con Gema.

Ha sido una sensación complicada de describir. Como me decía un amigo, creo que nunca se me borrará de la retina, el momento en el que ha salido (o la han sacado) ha sido simplemente genial, tu hija recién nacida luchando por respirar su primera bocanada, por llenar esos pulmoncitos por primera vez, fastidiada de que la saquen de su rinconcito, de lo único que conoce y donde está en la gloria.

La cesárea es una mezcla de nervios, emoción y miedo, mucho miedo. Miras a los médicos a los ojos pensando que puede ir algo mal buscando una mirada rara, ¿porqué le ha susurrado?¿porqué llaman a ese otro que parece que no está al tanto? luego te das cuenta de que están haciendo su trabajo y que hablan, cuchichean como tú harías en el tuyo, nada más.

Lo peor, la espera fuera hasta que le pusieron la epidural y el rato de paranoia por si pasa algo (serán médicos, pero hacen un trabajo parecido al que haría un carnicero o un matarife, impresionante). Pero el momento del primer llanto compensa el miedo, la ansiedad, los nervios, los 9 meses de embarazo y sus antojos y lo que haga falta, lo que te echen.

Es mi hija y por eso no os valdrá el que diga que no es como el resto de los recién nacidos, sino la más guapa del universo.

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